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Filosofía y temas varios

Filosofía y temas varios: ¿Qué se necesita para ser montañista?

Publicado por aspidx el 07 de jul de 2001 - 12:00

Es sábado. Son las tres y media de la tarde. Me encuentro en la "panza" de la mujer dormida. Estoy solo. Esto es sobre una salida en solitario, y mis pensamientos, el 7 de julio de 2001
Es sábado. Son las tres y media de la tarde. Me encuentro en la "panza" de la mujer dormida. Estoy solo. En este momento pasa toda mi vida ante mí. A pesar de que esta no es buena época para subir a estos volcanes, curiosamente me he encontrado con muy bien tiempo. Subí prácticamente todo el glaciar de Ayoloco con sol y con una brisa muy agradable. Al llegar a la panza, me encontré con nieve algo floja, pero manejable. La cumbre del pecho estaba a solo una media hora, en ataque directo y sin carga. Mi intención original era plantar mi tienda ahí, y pasar la noche en altitud.



Un cambio repentino en el clima creó uno de esos "conos de alta presión" que son tan inusuales en la cumbre de un volcán, despejando todas las nubes alrededor, y abriendo momentáneamente un campo de buena visibilidad. Tuve a la vista la mancha gris de la ciudad de México, el valle de Cuautla, el de Puebla y más a lo lejos, la caída del golfo en Veracruz. Se siente bonito. Se siente como si uno estuviera aparte de todo lo que pasa allá abajo, aunque sea por un momento, o eso creo.



Esta salida culmina todo un proceso de un par de meses para prepararme en lo personal para la próxima expedición a Perú. Es en solitario. Así han sido las últimas. La razón de ello no es nada sociológico, simplemente motivos logísticos. En fin. El objetivo de esta salida era preciso: hacer un trayecto en estilo alpino equivalente a una sola jornada en Perú: un acercamiento de unas seis horas "full loaded".



El estilo alpino de ataque a una montaña, se considera como la consecuencia más interesante de la tecnología que se ha aplicado a la alta montaña: Se trata de que el montañista se vuelva autónomo totalmente. No hay porteadores que contratar, no hay equipos de apoyo, ni carpas de "buanas" en los campamentos base. Todo lo que necesitas lo debes cargar en tus espaldas. No defines tus puntos de llegada, los campamentos no son fijos sino totalmente portátiles. Tú te haces cargo de ello, por completo. Técnicamente requiere de lo último en tecnología de materiales, de equipo y de técnica en general. No te puedes dar el lujo de cargar algo que no vas a usar, ni tampoco de olvidar nada... claro, con excepción en este caso. Preparé mi equipo tal como si arrancara al campamento base al Huascarán: Con equipo de escalada, de abrigo, de pernocta, de tormenta.



Totalmente cargado, me dispuse a conocer mi cuerpo en esa circunstancia: Subiendo contra el reloj, con peso. La subida esa mañana fue accidentada, sobre todo por el paso en los retenes. Llegué a mi sitio de ataque bastante furioso, después un buen berrinche con los policías. No puedo contar detalles ni razones aquí pero solo baste decir que nunca es buena idea iniciar a subir una montaña de mal humor. Te cansas de más. Afortunadamente el clima delicioso me hizo olvidar el mal rato.



Ascendí por la Joya hacia Ayoloco con la sensación de que el volcán era para mí. Ni un solo vehículo, en el acercamiento al valle ni un alma. En ninguna de las cuestas. Tres horas hasta Ayoloco (media hora mas de lo acostumbrado, por el peso) y otras tres el glaciar.



Al llegar a la panza, realmente me sentí cansado. Ahí me preocupé, y entró la primera noción del "límite", para los próximos días de expedición. Calculando jornadas de esa magnitud, por tres o cuatro días seguidos, ¿cómo sería la noche después de la primera?, ¿o la segunda? Mucho cuidado con eso, habrá que medirse bien.



Y aquí me tienen, en el punto donde empecé mi relato. En total silencio, mirando hacia abajo, descansando antes de mi último ataque a la cumbre, recordando todo lo que había pasado para llegar hasta ahí. En otros tiempos, jamás hubiera imaginado hacer de un solo jalón TODO el trayecto al Iztaccíhuatl. Recordé mis primeros pasos en la montaña, mis primeras botas, mis primeras ampollas. También aquel primer contacto con un glaciar, o cuando conocí un refugio por primera vez. Como cuando me emocioné al asomarme por el cráter del Popocatépetl (cuando estaba abierto). Cuando hice mis primeras travesías largas.

Aquellos primeros anclajes, o el primer rappel (sí, lo odio, pero en algún momento me emocionó también). Recordé a todos los amigos, los que se fueron y los que están. Los que están muy cerca, los que se han alejado. También los que han llegado. Toda una vida... y luego lo que viene. Miré hacia abajo, y también pensé en lo que hay de mí ahí. Por estas montañas he sacrificado mucho, y no me había dado cuenta. Recordé que tengo amigos que he perdido, otros a los que no les he dado el tiempo que merecen. Que tengo gente que quiero y que está enferma y personas que necesitan más de mí. Noté tanto tiempo, dinero y esfuerzo, dolor, accidentes, lesiones.



Pero no me acordé tanto, porque en realidad no me puse tan dramático. Pero después de todo esto, después de tanto... todavía me pregunté: ¿Qué se necesita para ser montañista?



Sobre las razones por las que hacemos estas cosas, creo que hay una muy clara: es una vaga idea, de que tenemos la extraña y poco justificada oportunidad de ser mejores personas. Siempre y cuando no crucemos el límite.



Me sentía un poco mas descansado después de esta reflexión. Pensé en montar mi campamento y dejar todo preparado antes de atacar la cumbre. Antes de hacerlo, tomé mi teléfono e hice dos llamadas. No estaba del todo separado del mundo que estaba allá abajo. Después de que las hice, recordé dos cosas, que había aprendido con mucho dolor y ampollas:



La primera: El límite es El Límite.

La segunda: A pesar de los de la "confraternidad" y cientos de clubes digan en este país, ni dios ni la gloria se encuentran en la cumbre de una montaña. La llevas tu adentro, y revienta justo cuando llegas a la cima, por eso no te das cuenta que no estaba ahí.



Así que en ese momento resolví que mi objetivo de esta salida estaba cumplido. Volteé hacia el norte, en dirección a la cima, y no me pareció en ese momento interesante. Quizá otro día. Tomé mis cosas, e inicié el descenso. Todavía llegué al coche de día... ese mismo día.
 

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