Esta es una pequeña crónica de una escalada artificial nocturna a las Ventanas, en el Parque Nacional El chico, Hidalgo. A diferencia de la modalidad de escalada deportiva, la Artificial tiene su sabor muy especial, y es mas "natural" para cuando se trata de progresiones en la montaña. Que mejor escenario que uno de los sitios históricamente mas apegados a este tipo de actividad.
Esta fue una escalada muy divertida y desconcertante.
Actividad realizada del al 20-21.Octubre del .2001
Últimamente he estado repitiendo una y otra vez que el mundo actualmente está al revés. Y dada mi manera de ser y de hacer las cosas, me las paso poniéndolas al "derecho", por lo menos para mí. Entre otras, están los fines de semana. Todo mundo llega al viernes con un extremo cansancio, ansioso de comenzar la hueva del sábado y el domingo. Yo me he propuesto, desde hace mucho, que sea al revés: Llegar al lunes rendido... Y no me ha fallado. Cada vez que se acerca el fin de semana, me pregunto dónde pasaré esta vez la noche (¿ops?).
Es miércoles. Suena mi celular. Contesto. Es Leo Torres. Me pregunta si tengo algo hecho para el fin de semana. Él sabe que la regla es que a más tardar los martes ya se tiene programado algo. Le contesto que no, y de inmediato me dice:
- "Vamos a hacer algo técnico, ¿no?".
- Ok-, le contesto.
Y me propone algo de "artificial". Quedamos de acuerdo, y armamos la salida para la imponente ruta artificial de Las Ventanas, en el Chico, Hidalgo.
Todos los proyectos de salidas tienen algo de personal y significativo. En este caso, Leo y Yo no habíamos hecho nada desde aquella memorable y crítica ascensión del Huascarán, en Perú. Unos meses antes.
Desde entonces a estas fechas, El cansancio, los kilos perdidos, la tensión emocional y la ausencia se habían compensado. Las cosas evolucionan y se ven distintas. Una de las cosas más deliciosas y paradójicas de estos deportes, y de las personas que los practicamos de corazón es la forma tan ruda y profunda con la que aprendes a medir a tus compañeros. Las situaciones de tensión sostenida invariablemente hacen a la gente mostrarte tal como eres de la manera más agresiva posible. Y esto, a la larga te previene de sorpresas, y te da muchas buenas cordadas. Así que con menos tensión y cansancio, nos disponíamos a hacer una "artificial".
Aunque en estas épocas esté de moda, y parezca que sea "lo único que se hace en la montaña", la escalada deportiva es la hija menor y más joven de los deportes de montaña. Se ha olvidado la escalada Artificial, que tiene su chiste, y es sumamente técnica en el sentido de que se requiere de un dominio total del equipo, serenidad y paciencia. La buena escalada técnica es requisito para cosas mayores, como la técnica vertical en la alta montaña, o las progresiones en solitario no integral.
Con una noche de incidentes llega el sábado. Nos apresuramos a llegar a Las Ventanas, y ansiosos por escalar, llegamos al albergue del parque a las 13 horas. Después de los trámites necesarios, sin analizar la hora que era, a las 13:30 estábamos al pie de la ruta artificial. Estaba despejado, pero había un viento frío, y dada la posición del sol, la mitad de la pared estaba en sombra. La ruta inicia con un corto tramo de escalada en libre, al cuarto bolt inicia con un buen techo, de unos seis metros. Vista desde abajo se cubre todo el trayecto de la ruta.
Leo abrió. Sin problemas llegó al techo, e inició con sus estribos el sereno paso por el techo, hasta perderse, casi una hora después, por encima de él. Le seguí yo, abriéndome paso de la misma forma. Llegué a la reunión encontrándome a Leo temblando de frío (pues en mi mochila estaba su fleece). Mientras yo me sentía algo molesto porque estaba fuera de práctica. En efecto, es fácil hacerse bolas con el equipo. Afortunadamente no me costó mucho recuperar el ritmo. El siguiente tramo fue sabroso. Ambos teníamos ya ritmo. Sin embargo, el viento frío nos helaba bastante. Las aseguradas en artificial son duras, pues pueden durar horas. Esta vez me tocó a mí. Para cuando Leo terminó, yo estaba temblando también. Con fleece y todo.
Para el siguiente largo, envidiaba algo a Leo porque a él le tocaba sol y a mí no. Se lo gritaba continuamente. Parecía que nos divertíamos bastante, y así era. Abajo, los campistas que cotidianamente se reúnen ahí tenían un gran escándalo. Nosotros traíamos el nuestro.
La ruta en un 80 por ciento de su totalidad se encuentra desplomada. Al principio es algo difícil ver los estribos colgando atrás y arriba de uno, y más aún equilibrarse y balancearse sobre los seguros. Esto es sumamente agotador. En un principio uno siente este trabajo, aunque cuando se está en sincronía, uno no se da cuenta de ello. A partir del segundo largo, después de asegurar a mi compañero, él recuperó la cuerda, y al iniciar la escalada de inmediato sentí un terrible dolor en la cara interna del muslo izquierdo. Y entonces me di cuenta. Más de una hora inmóvil y colgado, agotado, con viento frío que te varía la temperatura en minutos, te produce problemas. Estaba experimentando un fortísimo "tirón". Estos son contracturas musculares parecidas a calambres. Son muy dolorosas. Ni modo. A seguirle. No me sentí tal mal al oír a Leo gritar y quejarse de algo similar en su antebrazo.