Club x-treme México

Crónicas y reseñas [1]: A pie por la Sierra Madre del Sur, Oaxaca. [2]

Publicado por aspidx el 14 de ene de 1998 - 12:00

Son varias horas desde que dejamos el campamento.



Hemos seguido la marca de numerosas pisadas de gente del campo y su ganado a través del bosque. Caminamos por esos innumerables caminos que recorren la sierra.



De un poblado a otro.



De un casa a otra.



La monotonía de la marcha se pierde cuando Iván se desvía de la terracería para entrar en un pequeño sendero hasta un río. Hay que quitarse las botas para cruzar.
Son varias horas desde que dejamos el campamento.



Hemos seguido la marca de numerosas pisadas de gente del campo y su ganado a través del bosque. Caminamos por esos innumerables caminos que recorren la sierra.



De un poblado a otro.



De un casa a otra.



La monotonía de la marcha se pierde cuando Iván se desvía de la terracería para entrar en un pequeño sendero hasta un río. Hay que quitarse las botas para cruzar.



Como miles de agujas, la fría agua se incrusta en mis pies obligándome a despertar de aquel letargo. Además, la corriente advierte que se debe pisar con cuidado si no quieres terminar mojado por completo.



Así pasamos cada uno en una penosa pero alegre transición en la que los gritos, porras y maldiciones se dejan escuchar de nuevo luego de cuatro horas de caminata.



Descanso.



Al pie de una colina descansamos plácidamente mientras comemos nuestro refrigerio. Aún falta mucho para nuestro destino y el sol amenaza con caer a plomo en cualquier momento. A pesar del bosque y su denso dosel. A pesar de las nubes que imperan en la región desde hace cuatro días que comenzamos nuestro trekking.



Por la noche, al calor de la fogata la plática se pierde en oraciones sin sentido cuando es el sueño el que resuena en la cabeza de todos. Poco a poco, cada uno de nuestros amigos se van refugiando en la soledad de sus tiendas hasta que solo nos quedamos Iván y yo conversando sobre la ruta del día siguiente pues les guiaremos todo el tiempo.



“Está cabrona la bajada”- comenta él.



Y es que nos espera una bajada con terreno suelto de casi una hora. Un verdadero reto para las rodillas y el equilibrio. Pero las vistas que hemos obtenido lo valen.





El sol apenas se asoma por aquellas montañas. En un paisaje interminable para la vista en el que cientos de curvas se muestran majestuosas por donde quiera que se mueva la cabeza. Un paisaje increíble para saber que lo hemos caminado. Increíble para saber que lo conoceremos hasta llegar al mar.



Brechas. Senderos. Comunidades. Son el constante medir de nuestra vida en estos días en los que pasamos de caminos visiblemente arreglados para vehículos motorizados a senderos en el que apenas cabe una sola persona hasta salir a comunidades por lugares poco esperados como patios traseros. Todo aderezado por la compañía de las decenas de niños que en cada campamento, en cada pueblo se arremolinan junto al contingente que llega caminando. Poco creíble pensar que alguien todavía camina esas distancias cuando hay transporte ya. Poco creíble que lo hacen para divertirse.



Es en nuestra sexta noche en la que nos percatamos que ya hemos dejado el bosque de Pino y Encino para comenzar a bajar por esa mágica cortina que es la selva. En breve, si podemos referirnos así en estas escalas, llegaremos a Puerto Escondido donde nuestra aventura finalizará.



Así, al día siguiente nos encontramos con Don Elías, hombre de selva como tantos que aún existen en México, nos lleva por sinuosas sendas en una bajada a veces abrupta, otras moderada mientras nos habla de su vida, de su tierra y de esas cosas que caracterizan a la alegre gente de campo mientras nosotros concentramos nuestra atención la mayor parte del tiempo en no caer, y en controlar el terrible bochorno en que nos hemos sumergido desde hoy.



Así pasan las horas, los cafetales, mangales y algunos fragmentos de pinos que aún siguen presentes mientras el altímetro sigue a la baja.



Un río, dos, tres. ¿Acaso es que en este lugar se han concentrado para comenzar su inminente incursión hacia el mar?. Los pies tambalean, la mente se aflige un poco, el bastón titubea cuando brincamos de una roca a otra para sortearlos. Luego, al otro lado nuevamente reímos para seguir enfrentándole.



Así pasa nuestra vida por la sierra.



Así experimentamos una forma alterna de conocer nuestro México.



El octavo día, luego de dos de bajada en un ambiente claramente tropical, llegamos al fin a la última ranchería en la que dejaremos definitivamente el camino para seguir en camión hasta Puerto. Aquí acaba nuestra caminata. Nuestra aventura.



El resto es trámite.



Esta vez hemos recorrido en ocho días un tramo de poco más de cien kilómetros. Cien kilómetros que nos han dejado un cúmulo de vivencias de difícil transcripción en letras. Kilómetros que hemos medido en sudor y en gusto. Pero que seguramente serán para recordar y volver a vivir en nuestro próximo recorrido a principios del año que entra.



Esta es mi experiencia a pie por la sierra sur de Oaxaca.



Noé Castellanos Ramos



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Artículo publicado en Diciembre de 2006

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